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sábado, 12 de diciembre de 2015

MALINALLI, MALINCHE, DOÑA MARINA, O EL INFUNDIO DE UNA TRAICIÓN.

MALINALLI, MALINCHE, DOÑA MARINA, O EL INFUNDIO DE UNA TRAICIÓN.

INTRODUCCIÓN

La oportunidad que nos ofrece estos Recuerdos de la Historia, la aprovechamos para conocer la figura en un tiempo pasado de una mujer maldita por muchos en el presente, sin acordarse ni del tiempo en que vivió, ni de los avatares del mismo, como ocurre siempre con los perdedores de la historia.

Malinalli, Malinche, doña Marina, figura esencial y emblemática, pero a la sombra de Cortés, cuyo apellido no fue fiel a la esencia de su nombre para con ella, pese a quien pese, porque puestos a sopesar, y después a elegir, no nos queda más remedio que ponernos al lado del perdedor, como casi siempre es costumbre del que suscribe, y esperar las críticas de fuego de todos aquellos seguidores hoy del Imperio Azteca, amén de los acólitos insufribles del conquistador, manteniéndonos en la medida de nuestras posibilidades en medio, lanza pertrechada para el combate que se augura hostil sin precedentes, y de derrota segura como segura fue la que auguraron los héroes de Flandes en Rocroi. Debe ser costumbre heredada de la esencia latina, con lo cual, nos exponemos a ello, y lo aceptamos tal cual.

En el artículo, veremos salir nombres que aparte de la dificultosa pronunciación, se hermana la dificultad del entendimiento para el profano, y se nos presentó la solución de añadir una nomenclatura explicativa que hemos ido rebuscando, aunque con la duda de si ponerla al principio del artículo, o más bien, al final. Finalmente, hemos optado por el principio, y dicho lo cual, damos comienzo al que, esperamos, sea un entretenido artículo, algo extenso, si, pero eso ya resulta costumbre, y como costumbre, no podemos ni nos parece oportuno renunciar a nuestra esencia, por lo que pedimos anticipadamente perdón.

NOMENCLATURA

Quetzalcóatl, o la Serpiente emplumada, es una de las deidades principales del Panteón de los indios de Mesoamérica. Esta deidad es una fórmula voluminosa, que incorpora la fuerza de la Tierra (representada por el tótem coatl) y la fuerza del Cielo (representada por el tótem Quetzal). La imagen de la Serpiente emplumada se convirtió en un símbolo de transformación en las tradiciones maya, zapoteca, tolteca y azteca. En la tradición azteca representaba más la  forma de Dios que del hombre, de igual forma como en las primeras tribus mayas,   llegando a considerarse como el dios principal del panteón prehispánico.



Huitzilopochtli:

Es el Dios de la guerra y guía principal de los mexicas o aztecas desde el inicio de su peregrinación hasta su establecimiento en Tenochtitlan.

Tiene dos aspectos: como “Colibrí del Sur” es uno de los guerreros muertos en el campo de batalla que, transformado en colibríes, van al paraíso del Sol en el oriente y así liba la miel -la sangre- de las flores preciosas que son corazones humanos obtenidos en la Guerra Florida; y el de autosacrificio procedente de la lengua y las orejas punzonadas con espinas de maguey. La palabra opochtli, en el final de su nombre, se usaba para referirse al alter ego, al “otro yo”, que en la mitología mexica era lo que llamaban el nahual. En este caso el colibrí era el nahual del dios de la guerra.
El otro aspecto de esta deidad es la del Guerrero Celeste, representada por el águila en el jeroglífico de México-Tenochtitlán y en el escudo nacional, es hijo de la Luna (Coatlicue) y el Sol joven hijo del Sol viejo que al nacer en el Oriente mata a las 400 estrellas con sus 400 flechas para que triunfe el nuevo día.
Ehécatl: en la mitología mexica y para otras culturas de Mesoamérica, era el dios del viento. Esta deidad soplaba para anunciar la venida de la lluvia, ya que el viento precede a la lluvia. Su nombre en náhuatl simplemente significa "Viento".Usualmente se le interpreta como una de las manifestaciones de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, tomando el nombre de Ehécatl-Quetzalcoatl, apareciendo en el aliento de los seres vivos y en las brisas que traen las nubes con lluvia para los sembradíos. Es uno de los dioses principales de la creación y héroe cultural en las mitologías de creación del mundo. Su aliento inicia el movimiento del Sol, anuncia y hace a un lado a la lluvia. Trae vida a lo que está inerte. Se enamoró de una muchacha humana llamada Mayáhuel, y le dio a la humanidad la habilidad de amar para que ella pudiera corresponderle su pasión. Su amor fue simbolizado con un hermoso árbol, el cual crece en el lugar en el que llegó Ehécatl a la tierra.
Chalchiuhtlicue:
Diosa Azteca de ríos lagos, fuentes,  corrientes de agua, de mares y océanos, está considerada como protectora de los Navegantes. Es a la se atribuye que tiene falda de jade, según su nombre en Náhuatl, la lengua azteca, y  que simboliza las corrientes de agua limpia, pura  y cristalina, y también la de la falda de piedras preciosas. En Mesoamérica es venerada y a ella se dirigen los aztecas invocándole como donadora de principio femenino de vida, es patrona de los partos  y desempeña un papel protector en los bautismos.

Tonalamatl:
El libro de los destinos.
En la gran Tenochtitlan, cuna de la civilización Azteca, cuando un nuevo miembro ingresaba a la comunidad era presentado ante el "Tonalpouhque" que era aquella persona que conocía la dinámica del tiempo y las energías que se manifestaban en cada elemento del calendario en un día determinado.
El "Tonalpouhque" era un conocedor de los "Amoxtin" o libros sagrados, hoy conocidos como códices. En estos "Amoxtin" se plasmaban las energías y los acompañantes siderales, terrenales, diurnos y nocturnos que se manifiestan en la cuenta del tiempo. A este conjunto de elementos se les da el nombre de "Tonalamatl" que es la cuenta de las energías sagradas de nacimiento.
Con base en el "Tonalamatl" era que se le asignaba el nombre al nuevo miembro de la comunidad y a los padres se le hablaba de su destino en cuanto a las habilidades que podía desarrollar por las energías que lo acompañaban desde su nacimiento.


Leyenda de Popocatepetl e Iztaccíhuatl:

Cuenta la leyenda que Iztaccihuatl era una hermosa joven, hija del emperador azteca, que se enamoró perdidamente de un joven guerrero llamado Popocatépetl. Cuando su padre lo descubrió, envió al joven guerrero muy lejos, a luchar en una guerra feroz de la que no pensaba que volvería con vida. Ante las promesas de los jóvenes, les prometió que si él regresaba les permitiría casarse, pero nada estaba más lejos de la intención del emperador, que en cuanto hubo alejado al joven prometió a su hija con un noble de la corte. La muchacha, fiel al amor de Popocatépetl, no quería oír habla de matrimonio con ningún otro hombre y el emperador, no sabiendo como doblegar su voluntad, fingió haber recibido noticias de que Popocatépetl había muerto en combate. Y tan grande fue el dolor de la joven que murió a las pocas horas. El emperador ya no podía hacer nada más que preparar los funerales de su hija y en el transcurso de la ceremonia fúnebre, Popocatépetl apareció. Con el dolor más terrible que un hombre pueda sentir, tomó a la joven muerta en sus brazos y con ella huyó a las montañas. Allí, la depositó tiernamente sobre la fresca tierra y arrodillado a su lado dio rienda suelta a su dolor. Lloró y rugió de rabia día y noche, durante mucho, mucho tiempo. Los dioses se apiadaron de tanto sufrimiento y en un momento en que Popocatépetl cayó agotado por el cansancio y la pena, cubrieron a los jóvenes con una blanquísima manta de nieve y los convirtieron en dos hermosas y altivas montañas. Nadie, nunca más, podría separarlos. Iztaccihuatl es conocida como la “Mujer dormida” porque en todo se asemeja su silueta a una mujer echada sobre su costado. Popocatépetl, se llama ahora “Montaña humeante” y sigue vivo. Cuando despierta, agobiado por el dolor de ver a su amada muerta junto a él, sus gritos de rabia estremecen la tierra y sus ardientes lágrimas abrasan cuando tocan. Esta leyenda es ya muy antigua, pero la mantenemos muy presente, pues, el volcán Popocatépetl de vez en cuando despierta y recuerda su dolor.



El Téchcatl: o tajón de tezontle negro, es la piedra en el suelo, donde se realizaban los sacrificios humanos, ofreciendo el corazón de la víctima al Sol, como alimento divino.

Tezcatlipoca, "El espejo que humea" , que llevaba puesto el espejo en lugar de un pie,  era el dios supremo, el que estaba en todas partes, el que regalaba bienes y luego los quitaba. También traía dificultades, problemas, enfermedades. Era positivo y negativo, caprichoso y voluble, era tenido por verdadero dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la tierra y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos. Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y por esto le llamaban Necoe Yáotl, que quiere decir sembrador de discordias de ambas partes; y decían él sólo ser el que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba; daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuando se le antojaba, por eso le temían y reverenciaban, porque tenían que en su mano estaba el levantar y abatir.

Tláloc: era el dios de la lluvia y del relámpago entre los aztecas. Se lo distingue por sus "ojos saltones" y por sus dientes de jaguar. Su parte de jaguar deriva de la cultura Olmeca, cuyo dios de la lluvia era representado como un hombre-jaugar, resultado de la cúpula entre una mujer y un jaguar de cuya unión nacieron los olmecas, literalmente, "pueblo del jaguar". Tláloc era conocido como "el proveedor" porque en su poder estaba la producción de lluvia que hacía crecer el maiz. Era el señor de los fenómenos atomosféricos y de los espíritus de las montañas.


Motecuhzoma Xocoyotzin Nació en 1466 en Tenochtitlán, Imperio Azteca(Mexica).
Hijo de Axayácatl e Izelcoatzin, hija de Nezahualcóyotl; sucesor de su tío Ahuizotl (1486-1502). Un soberano con tendencias despóticas que causó inestabilidad y descontento en su reino (1502-1520). Sometió el área mesoamericana de Honduras y Nicaragua, pero sus ansias de dominio desintegraron la confederación azteca y fomentaron las rebeliones internas. Logra un mayor auge de su reino, aumentando la recaudación de los tributos y extendiendo el comercio y el intercambio de productos con otros países de la región. 

Gobernaba cuando se produjo la conquista española. Hernán Cortés 
llegó a México en 1519 y Moctezuma, dominado por la superstición, creyó que era el rey dios azteca Quetzalcóatl, por lo que se le obsequian ricos presentes de oro y plata. Cortés, temeroso de que los aztecas pudieran atacar a las tropas españolas, tomó a Moctezuma como rehén. En junio de 1520 los aztecas se rebelaron. Cortés le pidió que reprimiera la rebelión, pero el dirigente fue apedreado al dirigirse a sus súbditos. Parece ser que murió tres días más tarde el 29 de junio de 1520 víctima de una de las pedradas.



EL CAPRICHO DEL DESTINO




El destino, camino incierto que atraviesa la vida sin pedir permiso, marca el recuerdo de una historia con la injusta sentencia de una desmedida traición, y sacrifica al inocente para alimentar el hambre insaciable y voraz de Huitzilopochtli, mientras la mirada triste de doña Marina, evoca en el tiempo la leyenda de amor de Popocatepetl e Iztaccíhuatl, y la ingrata perfidia de un Hernán Cortés junto al fruto de un desamor, al tiempo que quienes más bien pudieran entenderla, ciegos de ira que les impide ver la esencia de su propia historia, la maldicen por el delito de  apostasía hacia una religión cruel, y la traición hacia un pueblo al que nunca reconoció, haciendo omiso caso del perjurio al hermanar su nombre con el sinónimo de la felonía, en un vano intento por ensalzar un patriotismo pueril que se deja en el camino los despojos de su condición al hacer caso omiso de sus verdaderos problemas en el pasaje de su existencia, y con la ingrata intención de zaherir la indefensión.    Moctezuma ríe al fin,  satisfecho,  su triunfo final. Imagen de la leyenda de Popocatepetl e Iztaccíhuatl.




Las ideologías nacionalistas e hispanistas que durante los últimos siglos han llenado páginas de literatura diversa y en muchos casos apasionada sobre el personaje que nos acompaña, no han acabado de concluir su papel en la historia de la conquista, dibujando una imagen distorsionada a veces, incapaz de dilucidar la verdad sobre su figura, una figura que durante los primeros años de vida independiente de México la ideología criolla hubiera convertido a Malinche en arquetipo de los traidores de la patria por su condición de indígena y la ayuda prestada a los conquistadores.

Malinche, se supone que nació entre 1501 y 1505, aunque la fecha más barajada sea en 1502,  en Painala, un poblado azteca, aunque también hay opiniones diversas que sitúan su nacimiento en Huilotla, poblado cercano a Coatzacoalcos, antigua capital olmeca, al suroeste del Imperio Azteca en el estado mexicano de Veracruz.

A su nacimiento, recibió el nombre de Malinalli, que es uno de los 20 días en los que se divide el mes mexicaltl, y cuyo significado es Hierba Retorcida, muy posiblemente por las dificultades de un parto complicado a la hora de nacer, unida a la certera premonición en que se desarrollaría su vida,  siendo la hija de Teotingo, el tlatoani de Painala,   un respetado cacique local, por lo que como tal, merecía un tratamiento reverencial especial que convertía su nombre en Malintzin, y que su pronunciación deformada castellana declinó en Malinche, también conocida como Malinalli Tenépoalti (persona con facilidad de palabra), la princesa de la raza coatlimeca, aquella cuyo terrible sino o la inconfesable felicidad pasarán bajo el capricho de la sentencia del dios del viento Ehécalt, la misma sentencia premonitoria de nefastos augurios que de forma temprana vio desde el observatorio de su palacio de Tenochtitlan el propio Motecuhzoma Xocoyotzin en un rincón aislado de su idolatría supersticiosa.


Era una época en la que los súbditos de Motecuhzoma se propagaban por una tierra cuyo fruto común era   el odio y la hostilidad que hoy ya nadie quiere recordar y mucho menos escuchar, con la severa ayuda heredada de Itzcoatl, uno de los fundadores del grandioso Imperio azteca que ordenó la quema de los escritos amoxtli   que no concordaban con su versión oficial de la historia de los aztecas, y con una ley salvaje que imperaba a sus anchas donde los súbditos del antiguo reino aprendían desde niños a aborrecer al mexica cruel que sometía a los pueblos arrebatando sus riquezas, crecía la niña Malinalli custodiada por las fuerzas del imperio culhúa hasta que la desgracia del descuido de Quetzalcóatl, la aprovechó Tezcatlipoca, y una legación azteca apresó a su padre por negarse al pago de más impuestos, y sacrificado en la piedra ceremonial de Téchcatl  arrancándole el todavía latente corazón en el templo consagrado ante la atenta mirada de Huitzilopochtli.



No debemos olvidar que los aztecas no ocupaban militarmente a sus vecinos después de someterlos. Tras vencerlos en batalla, les obligaban a pagar un tributo. El tributo era necesario para mantener la economía de Tenochtitlan, que, para la llegada de los españoles, sólo era capaz de producir la mitad de los alimentos que necesitaba para abastecerse. El imperio azteca estaba basado en el miedo que inspiraban los guerreros aztecas al resto de las tribus de Mesoamérica. Para mantener este miedo vivo, los aztecas habían instaurado las guerras floridas, unas luchas rituales que servían para conseguir víctimas para los sacrificios humanos necesarios para alimentar con sangre a los dioses aztecas. En las guerras floridas los aztecas viajaban a otras ciudades y allí se enfrentaban con los guerreros locales en un lugar previamente acordado. Los líderes de otras ciudades conquistadas eran invitados a asistir a las ejecuciones, sentados en podios cubiertos con flores. 

Algunos autores aseguran que su única función era la de obtener víctimas para los sacrificios humanos, forma de apaciguar a los dioses en unos momentos de intensas hambrunas, mientras que otros investigadores consideran que, dada la práctica mesoamericana del sacrificio de prisioneros y la ingesta de parte de sus cuerpos, estos sacrificios humanos serían aprovechados para enriquecer la dieta y aliviar la presión demográfica en tiempos de escasez.  En este sentido, es conveniente clarificar que si bien la evidente existencia de antropofagia en Mesoamérica es objeto de acuerdo entre la mayoría de los historiadores, no lo son ni los motivos ni las proporciones de la misma, y es menester recalcar que el imperio que encontraron los españoles, aparte de ser de formación muy reciente, sobre el territorio mexicano de entonces se hallaban numerosos pueblos culturalmente muy diferentes que los aztecas no habían llegado a homogeneizar, pueblos con muy distinta forma de organización política y social, que en muchos casos, eran sometidos por la fuerza, pero, además, existe un dato muy importante, y así lo reconoce Marvin Harris, el conocido antropólogo, y es que los dioses del Estado azteca, tenían ansia de carne humana, sobre todo de corazones humanos frescos. Según la creencia azteca, no satisfacer este ansia podría acarrear la destrucción del mundo. Por esta razón, el sacrificio humano se convirtió en la función más importante de la casta sacerdotal azteca.

 Los miembros de la expedición de Cortés al entrar en Tenochtitlán encontraron una enorme y desorbitada cantidad de  cráneos de víctimas aztecas que los dejó totalmente impresionados, algo que demuestra que la escala de sacrificio humano practicado allí sigue sin tener parangón en la historia de la humanidad, pero claro, historias crueles hay muchas, y son fáciles de estudiar, lo que ya no es tan fácil, son los motivos y las proporciones, pese a que nuestra labor sea contarlas, no lo es ni juzgarlas, ni determinar sus consecuencias, puesto que de leyendas negras, está la humanidad sobrada. Sigamos pues con nuestra historia.


La misma ley que la despojó de su padre,   destinó a Malinalli a la tierra sin nombre, allá donde yacen los olvidados, donde la levedad de la existencia depende del valor de una moneda, o el acuerdo de un cambio,  o más posiblemente, el capricho del destino, el mismo que se pasea escondido tras la línea invisible de la dicha y la desgracia, el que juega a ciegas con la vida y con la muerte sin temor a equivocarse, el que elige los tropiezos y asevera las caídas dependiendo del anhelo del momento en el que luce la luna al nacer.


Tras la muerte de su padre, su madre, se volvió a casar con otro hombre con el que tuvieron un hijo, al que decidieron ceder en herencia los derechos de sus posesiones y de cacique local, el legado de sangre de Malinalli,  pero para este fin, se interponía el derecho de nuestra protagonista. Intentando aprovechar para sus fines el desenlace de la muerte de una niña de la misma edad en el poblado donde vivían, la hicieron pasar por Malinalli, vistiéndola con sus ropas,  y al amparo  tanto de la oscuridad de la noche, como de los sentimientos del mismo color cuya simple mención hacen aplastar la razón de la conciencia humana, la entregaron a unos comerciantes y estos, a su vez, la vendieron como esclava en el mercado de Xicalanco, al sur de Veracruz, a otros comerciantes mayas, y estos últimos, al señor de Potonchán, un cacique maya de Tabasco. Triste destino en un mundo complicado donde destaca la enorme presión del sanguinario Imperio azteca y la esclavitud sometida de una niña olmeca totonaca temerosa ante la crueldad de los tiempos, y la desdicha de su condición, recordando los cuentos de su abuela paterna ciega, que fabricaba con sus manos las muñecas de barro con las que nunca ya, podría volver a jugar, como si todo, al final, hubiera sido un sueño.

En su destino como esclava, aparte de su trabajo en las tares domésticas, también fue utilizada como instrumento para el desahogo de los hombres de la casa, cosa muy común en los esclavos, pero lejos de hundirse, el temor a la muerte, le produjo una fuerza interior que le animó con más ganas a aferrase a la vida, y salir adelante aprovechando su habla de nacimiento, el náhuatl, que también era practicada por algunos esclavos con los que se encontraba, le sirvió para familiarizarse y ampliar el maya, y puesto que nada podía hacer para cambiar su destino, ya que el intento de escapar le hacía temer por su vida perdida en la enorme selva, acomodó su ánimo en el consuelo de hacer de sí misma una esclava complaciente con el único deseo de agradar, pero sobre todo, de aprender, de acopiar todo lo que podía en su mente, de serenar su espíritu acaparando las pocas oportunidades que podía tener en adquirir sabiduría, y buen hacer, con lo que se ganó la mirada de confianza de la señora de la casa en la que servía, y se le presentó la oportunidad de acompañarla, junto con otras esclavas, a mercadear por las costas clasificando productos y ayudar en el comercio, con lo que aprendió las lenguas de las gentes de la costa, como si absorbiera los lenguajes de una forma tan natural como lo es el aire al respirar, sin darse cuenta.



En las veces que se encontraba navegando por las costas para mercadear, pensaba en el recuerdo de su abuela paterna cuando le narraba la historia sobre el nacimiento de Motecuhzoma Xocoyotzin, cuando los astrólogos, tras consultar el tonalamatl, el libro de los destinos, pronosticaron que Quetzacóalt marcaría su existencia pero advertían también que la diosa Calchiuhtlicue podría arrastrar su alma hacia los abismos de la profunda oscuridad. Calchiuhtlicue, la de la falda de jade, la que se uniera a Tláloc después de que su primera esposa fuera robada por el espejo que humea dejando al dios de la lluvia tan triste, que no quería hacer llover, y las personas en la tierra morían de hambre y sed, le contaba su abuela que los demás dioses tuvieron que intervenir preocupados por la situación, que no deseaban más sacrificios humanos, y le proporcionaron una nueva esposa, Calchiuhtlicue, convertida a su vez en la diosa de las aguas terrestres, y surgieron ríos, arroyos, lagos, lagunas y mares, pero su abuela, agarrándola fuertemente de la mano, le advertía que también Calchiuhtlicue inspiraba temor, puesto que si ella lo deseaba, podía ahogar a los que se encontraban nadando o navegando, tal y como lo estaba ahora Malinalli, y era capaz de agitar las aguas para provocar tempestades en el mar, como en las vidas de los hombres, llevándolos hacia las tinieblas oscuras del abismo profundo, quizás, enfadada por causa de Tláloc, esperaba que esta vez, el capricho de Tezcatlipoca, el espejo que humea, no fijara su mirada más allá de la distancia que separaban sus ojos, de su nariz.

En el año 1517, tras su regreso de una expedición comercial de las que acostumbraba a acompañar para servir a sus amos, Malinche oyó hablar de unos hombres que arribaron a bordo de grandes embarcaciones, seres extraños en apariencia, nunca vistos por aquellas costas, a las que arribaron en busca de agua, y fueron bien recibidos por los indígenas naturales del lugar, donde se aprovisionaron de víveres y agua, aunque por descuido perdieron gran parte de la misma, con lo que tuvieron que desembarcar nuevamente en otro lugar de la costa, más al sur, a un lugar llamado Chakán Putum (Champotón), donde fueron atacados esta vez por los naturales y sufrieron una dolorosa derrota de la que días más tarde perdería la vida debido a las heridas Francisco Fernández de Córdoba. Por esa batalla fue que se nombró a la bahía de Potonchán la de Mala Pelea, de la que escaparon con vida aquellos que buenamente pudieron hacerlo con las penurias de las heridas, y de la sed.


Se hablaba de la perplejidad en la que habían quedado los habitantes de las comarcas costeras por la visita de esas gentes de pálido color de su piel, y el espanto que había sobrecogido el corazón del Imperio Azteca en la persona de Motecuhzoma Xocoyotzin, conocedor de las noticias, a quien los funestos augurios de su cerrada superstición le había augurado tiempo atrás su primo, el Tlatoani de Tetzcoco, Nezahualpilli, aquel que adivinaba, el revelador, el maestro de hechiceros, quien todo lo ve, cuando siendo aún niños le había dejado asombrado al ver que sus predicciones se cumplían con certeza. Motecuhzoma recordaba como augurios del futuro casi convertidos en superstición de sus melancólicos remordimientos hijos de un temperamento débil, recordaba la derrota de su padre Axayácatl en 1478, cuando inició una guerra de conquista contra los tarascos (purépechas), cuyo imperio limitaba con el Azteca, un Imperio azteca cuyo ejército de más de veinticinco mil hombres se vio reducido a algo más de mil, de los cuales, sólo algo más de doscientos entraron derrotados tras su persecución por los tarascos hasta Toluca, sufriendo la amarga derrota ante la mirada en silencio de  la capital Tenochtitlán, convertida después en llanto ante el dejarse morir poco a poco de Axayácalt, el rostro de agua. En la imagen, Axayácalt.






EL SILENCIO DE POPOCATÉPETL

Motecuhzoma rememoraba una y otra vez los augurios terribles de su primo, arrepentido quizás por haberle consultado la razón de que el fiel amante de la mujer dormida, el ardiente Popocatépetl, hubiera dejado de humear durante unos cuantos días, temeroso de que hubiera olvidado su dolor, o lo que es peor, que hubiese enmudecido ante la amarga tiranía del noveno emperador mexica, amordazado a su vez ante las palabras terribles de Nezahualpilli. El gran Motecuhzoma, el señor encolerizado, el joven, aquel a quien su mirada producía terror, y a quien nadie podía mirar, recordó las ocho señales que presagiaban la destrucción del Imperio,  la primera, cuando una columna de fuego apareció en el cielo nocturno, lo que posiblemente fuera un cometa,  después, el templo de Hitzilopochtli fue arrasado por el fuego, mientras más agua se arrojaba para apagar el incendio, las llamas crecían más, otra señal fue la de un rayo que cayó en el templo de Xiuhtecuhtli, en donde se llama Tzummulco, y no se escuchó el trueno, posteriormente, un día, cuando había aún sol, cayó un fuego dividido en tres partes, saliendo de occidente a oriente con una larga cola, se escucharon ruidos en gran alboroto como si fueran cascabeles. El agua del lago pareció hervir, por el viento que sopló, parte deTenochtitlan se inundó. Se escuchó a una plañidera dirigir un canto fúnebre a los aztecas

Los mexicas referían que era la diosa Coatlicue, quien anunciaba destrucción y muerte a sus hijos, enviando a la Cihuacóatl  (conocida posteriormente como La Llorona). Se cazó un extraño pájaro parecido a una grulla, y cuando Moctezuma Xocoyotzin miró en sus pupilas, pudo ver hombres desconocidos que se hacían la guerra y venían a cuestas de unos animales parecidos a venados, finalmente, gente extraña, con un cuerpo y dos cabezas, gente deforme y monstruosa, las llevaban a  Moctezuma y luego desaparecían (posiblemente hombres a caballo), toda una superstición del Emperador que no le dejaba ver la verdadera razón del silencio del volcán humeante Popocatépetl nacía en Painala y la razón de su desgracia atendía al nombre de Malinalli.


Tras un enfrentamiento armado entre los mayas de Potochán, donde servía nuestra protagonista, contra los mexicas de la zona de Xicalango, Malinalli fue cedida como tributo al cacique maya de Tabasco, donde, como hemos visto, su vida no era precisamente un camino de rosas, y tras sus trabajos mercadeando por las costas, ya una vez en tierra firme, Malinalli ya no servía para los fines que pretendían sus amos, y nuevamente vendida, nuevamente entregada, nuevamente utilizada como cambio de una vida sin futuro, sin embargo,  Tezcatlipoca, el espejo que humea, tenía guardado en su capricho un designio más, una nueva misión que el destino no le iba a granjear, precisamente, mucha simpatía a lo largo de la historia mexicana, pero cabría entonces preguntarse hasta qué punto podría caber en este sentido la reciprocidad, o la forma en que es contada la historia para, de alguna manera sutil, acoplarla a un interés particular, olvidando lo que particularmente interesa obviar, que no es otra cosa que la historia de una supuesta traición que nunca fue tal, o la de un desencanto de la fatalidad, o dicho de otra manera, ¿quién traicionó antes a quién?, si es que en realidad, se puede hablar o no de traición, sólo la sufrió Malinche, y además, por parte de todas las partes.


EL ENCUENTRO DE UN DESENCUENTRO

Sería menester detenerse un instante en el recuerdo de los tiempos, y viajar de forma mágica hacia el alma del sentimiento puro, para meditar la sincera razón del comportamiento en un acto de fe de la existencia para juzgar en conciencia los hechos por los que las personas son llevadas o no hacia el patíbulo que condena la traición. Ya hemos visto hasta ahora la historia primigenia de Malinalli, hemos conocido su origen, hemos palpado su llanto, masticado su rabia, curado a través de los tiempos la herida en su alma en el sucio y forzado quebranto de su honestidad de mujer. Hemos sufrido el capricho de Tezcatlipoca que le donó la dulzura de la primera niñez y le arrebató de golpe la ternura y la pubertad juvenil, para enviarla de nuevo directa al abismo con la ira de Chalchiuhtlicue, pero Tezcatlipoca, el espejo que humea, es impredecible y caprichoso, y una vez más muestra su dogma dando y robando a su antojo, sin sentimiento alguno de culpabilidad o inocencia.

Es muy importante conocer que las grandes civilizaciones que encontraron los descubridores y conquistadores españoles en el continente americano tiene como característica común su debilidad estructural, y la falta de cohesión entre los diferentes pueblos así como la fragilidad de las estructuras sociopolíticas americanas, que serán las principales armas que utilizarán los conquistadores, concretamente, en la conquista de México, la primera de las acciones de expansión en el continente, se efectuó, merced a lo comentado, con una increíble rapidez, entre abril de 1519 y agosto de 1521.

Ya en 1519, Hernán Cortés tuvo su primer contacto con las poblaciones indígenas en la isla de Cozumel, acompañado por alrededor de unos 600 hombres, y llevando como intérprete a un indio que había sido apresado tiempo atrás durante la expedición de Fernández de Córdoba, concretamente en la denominada Isla de Mujeres, y que atendía al nombre de Melchorejo. A través de él, tuvo noticias de un superviviente del naufragio del buque Santa María de la Barca, de nombre Gerónimo de Aguilar, que se encontraba en poder de un cacique maya, cultura que se encontraba entonces en el periodo conocido históricamente como Posclásico, y es importante conocer que esto ocurrió después de la caída de la ciudad de Mayapán, en 1480, que a su vez llevó a la fragmentación de la península de Yucatán en 16 pequeños estados y que cada uno de estos se encontraba gobernado por un líder o gobernante denominado “halach uinik”, y se encontraban en constante conflicto entre sí. Gerónimo de Aguilar llega a América, en la primera década del S.XVI al asentamiento español de Darién (hoy Panamá) con la misión de evangelizar a los indios, esta zona presentaba algunas disputas por lo que uno de los fundadores de Darién, Núñez de Balboa convenció a Aguilar, Juan de Valdivia, Gonzalo Guerrero entre otros a emprender un viaje a Santo Domingo para informar al gobernador del lugar sobre lo que sucedía, y en 1511  partieron rumbo a Santo Domingo, pero una tormenta los hizo encallar en las costas de isla Víboras, en Jamaica. Valdivia, Aguilar, Guerrero y casi una veintena de hombres sobrevivieron en una barca, la corriente les arrastro y finalmente tras varios días a la deriva solo 8 hombres llegaron a las costas de Yucatán.


 El lugar estaba dominado por mayas que los recibieron hoscamente, casi todos los náufragos fueron asesinados, entre ellos el capitán Valdivia, y los demás fueron hechos prisioneros, logrando escapar, solo para toparse con el cacique maya Xamanzana, quien les tomo como esclavos, con los años solo sobrevivieron Aguilar y Gonzalo Guerrero. En la imagen, Gerónimo de Aguilar y Hernán Cortés se reúnen.


Tras encontrar a Gerónimo de Aguilar, quien se había convertido en esclavo de los mayas entre 1511 y 1519,  y conseguir liberarlo, éste les habló de otro náufrago español de nombre Gonzalo Guerrero, del que ya hemos hablado,  el cual vivía en Chetumal, donde había dejado de ser esclavo al ganarse la confianza del cacique Nachán Can, y llegar a ser un “Nacom”, una especie de jefe militar maya, y casarse con la princesa maya Zazil Há, con la que tuvo varios hijos, y decidió quedarse con los mayas, y murió luchando contra los conquistadores españoles que estaban al mando de Pedro Alvarado. Este último fue un hombre especialmente belicoso , por lo que fue conocido como El Renegado por sus compatriotas españoles, mientras en México le denominan como Padre del Mestizaje. También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. En la imagen, estatua de Gonzalo Guerrero en México.




El indio conocido como Melchorejo, había dado claras muestras de desconfianza, ya que tras sus traducciones en sucesivos encuentros con la población indígena, se habían dado algunas escaramuzas de hostilidad, con lo cual, se llegó a pensar que las traducciones no eran buenas o en el buen sentido, cosa que se comprobó como cierta tras el encuentro con Gerónimo de Aguilar.


Cortés decidió a todo esto, continuar por su cuenta la expedición bordeando la costa hasta la desembocadura de lo que hoy se conoce como el río Grijalva, en las cercanías de la ciudad de Potochán, donde se encontraba Malinalli como esclava, y que estaba gobernada por el grupo maya-chontal de los putunes. Hay que recordar que los méxicas, en su expansión, llamaban chontales (extranjeros) a todo aquel que no fuera como ellos.

 El “Halach Uinik” o cacique gobernador era Taabscoob, que por lo visto, ya se encontraba prevenido de la llegada de los hombres de Castilla tras la expedición de Fernández de Córdoba, y tras las traducciones de Melchorejo, como hemos podido ver antes, la hostilidad fue en aumento, y en un momento dado, tras alguna que otra refriega y desencuentro, Melchorejo huye en una canoa, lo que llegó a enojar a Cortés y hacerlo temeroso de que no dijese alguna cosa que trajeran poco provecho para los españoles, y encontraron sus ropas colgadas en un árbol, y posteriormente, se conoció su sacrificio como si de un prisionero, como era costumbre, se tratara. El caso es que ya el 14 de marzo de 1519, se produjo el enfrentamiento crucial en lo que se conoce como Batalla de Centla, que produjo la derrota de los hombres de Taabscoob. En la imagen, Batalla de Centla y toma de Potochan.



Al día siguiente de la batalla, y tras la derrota, los caciques principales de las nueve comarcas cercanas y el de Tabasco,  les trajeron unos presentes a Cortés y a sus hombres que consistían en algunas piezas de oro, además de otros abalorios, y un número de veinte mujeres, entre las que se encontraba Malinalli, nuestra protagonista.

El teocuitlatl, el excremento amarillo de los dioses, era por lo que más interés habían mostrado Cortés y sus hombres. Para Malinalli, quien como ya sabemos había sido esclava durante tanto tiempo, la avaricia no le era desconocida, pero se mostraba atónita y perpleja ante el valor que daban los españoles por algo que para ella no tenía ninguna importancia, como era el metal amarillo, y no así para el cacao, verdadera riqueza para quien lo poseyera en aquellos tiempos. Malinalli y sus compañeras, fueron entregadas como parte del botín de rescate y elegidas por la capacidad para poder soportar la vida a bordo de los navíos, pues en ellos habían llegado los españoles, y fueron enviadas a Gerónimo de Aguilar, quien en su condición anterior de esclavo de los mayas, hablaba el idioma a la perfección, y estuvo instruyéndolas durante unos días, y no fue difícil hacerles ver la diferencia entre la religión de los cristianos, donde su Dios no abandonaba al hombre jamás, e incluso en los momentos de gran decaimiento existía la luz de la esperanza con la mirada en la imagen de la virgen abrazando a su hijo en un canto al amor,  y todos esos dioses que actuaban bajo el capricho algunos, la traición, otros, y todos, bajo la atenta mirada del sacrificio humano en el altar o el  Téchcatl, el amor de un Dios, que había preferido someterse a su propio sacrificio y martirio antes que pedir el sacrificio de los que le adoraban a él.


El cacique de Tabasco, tampoco entendía el especial interés que sentían los españoles por algo que sólo tenía un valor ceremonial, pero sí quiso aprovechar la circunstancia en su favor y señalar el lugar donde se asentaba el mayor centro tributario donde se encontraba el control de todo el teocuitlatl que había en el Imperio, México-Tenochtitlan, capital del imperio culhúa. Al mismo tiempo, se maravillaron de que los españoles no hubieran exigido sacrificios humanos,  con lo que vieron que el interés era diferente al igual que el trato al vencido. Malinalli, junto con las otra mujeres, fue bautizada, y recibió el nombre de Marina, siendo entregada cada una de las mujeres, a cada uno de sus capitanes, y a Malinalli la entregó a Alonso Hernández Portocarrero, quien capitaneó uno de los once navíos que componían la expedición de Hernán Cortés,   la cual zarpó del puerto cubano de Trinidad el 18 de febrero de 1519.



Sentimientos encontrados se apoderaron de Malinalil, tales como el cierto temor después de ver la derrota infringida por los pocos hombres de Castilla junto con un par de cientos de indios, al poderoso ejército del cacique de Tabasco, temor junto a un agudo sentido de la pervivencia que la conducía una especie de deseo de averiguar el poder de aquellos hombres blancos que le habían causado tanta impresión, con lo que, haciendo gala de su instinto y de sus dotes de aprender, preguntaba sin cesar por los nombres de cada cosa para asimilar el nuevo horizonte que se presentaba ante ella, un nuevo idioma sobre el cual insistía con vehemencia desmedida, y así lo demostraba en el viaje que días después de ser entregada a los españoles, emprendieron hacia lo que hoy se conoce como el puerto de San Juan de Ulúa, frente a la que iba a ser la ciudad de Veracruz.




Durante el viaje por mar, Malinalli intensifica su interés por aprender y comprender con un entusiasmo tal que incluso molestaba al intérprete Jerónimo de Aguilar, un hombre no demasiado bien dotado para las tareas de educación, pero Malinalli recurría a quien bien se dispusiera a enseñarle, aprendiendo con extrema rapidez, hasta que, una vez llegados al destino, pudo poner a prueba todo lo que en poco tiempo pudo aprender.

Una vez llegados a San Juan de Ulúa, nada más tocar puerto, se acercó una embajada del gobernante azteca Moctecuhzoma II, encabezada por Teuhtlile, y Malinalli, al oir su nombre en la presentación, no sólo conoce el idioma azteca en el que hablan, si no el recuerdo de la leyenda del guerrero Teuhtlile el mismo nombre que el embajador, gobernador de Cuetlachtlan, el mismo nombre que aquel guerrero que luchó por el amor de la bella Iztaccíhuatl. Recordaba como en sueños las leyendas de su abuela, ya casi olvidadas por el tiempo transcurrido, tantas veces llorada en la soledad, tantas veces recordada en el silencio del sufrimiento, mientras desde su memoria fluía el náhuatl que hablaba de niña acompañado de un torrente de sentimientos y emociones que un corazón destrozado había dejado de sentir, pero con la entereza necesaria para traducir al maya las palabras de los enviados de Motecuhzoma (Moctezuma) con la fidelidad que el momento y la importancia requerían, pero a la vez, con el obstáculo de Gerónimo de Aguilar, ya que había perdido parte del vocabulario castellano y le resultaba dificultoso traducir sin añadir de su cosecha lo que le venía en gana del momento o cribar lo que pensaba oportuno, aparte de la demora en su traducción, y el problema añadido de los posibles celos de  Alonso Hernández Portocarrero que ya parecían inminentes. En la imagen siguiente, La Malinche traduce la lengua de los mexicas a Cortés. Lienzo de Tlaxcala, siglo XVI.



De la entrevista de Cortés con la delegación azteca de Moctezuma, se conocieron datos importantes. Una delegación  que por cierto, llegó al lugar donde se encontraba Cortés que luego sería fundado como Veracruz,  en una noche y un día salvando una distancia de 80 leguas (algo más de 386 kilómetros) con un sistema de relevos que funcionaba con diligencia, aunque implicara matar a los hombres que en él participaban, teniendo en cuenta que la muerte por fatiga formaba parte de la sumisión que el emperador exigía a sus vasallos. Malinalli se quedó sorprendida al conocer de boca de estos que Motecuhzoma (Moctezuma), estaba convencido de presenciar el retorno del mismo Quetzalcóatl, para reclamar el trono mexica, confundía la llegada de Cortés con el retorno de la Serpiente Emplumada, pero Malinalli no sabía cómo hacer llegar la noticia a Cortés, y se desesperaba visiblemente con las traducciones de Aguilar, por lo que el interés en aprender la lengua de castilla era más una obsesión que la impacientaba, presagiando que en sus manos, estaba el poder de llevar a cabo no ya una venganza, sino un acto de justicia y una forma de prevenir males mayores, pero el tiempo apremiaba, y la respuesta de Cortés fue que él traía un mensaje para el emperador en persona de parte de su rey, algo que no agradó demasiado a la legación azteca, y así se quedaron las cosas, tras un intercambio de presentes.

CAMINO A TENOCHTITLAN

Sin duda, la codicia, mala consejera en el camino de la bondad humana,  fue una de las causas que empujaron a Cortés hacia la capital del imperio azteca, y también sin duda, hubo algunas resistencias entre los españoles ya que continuar significaba agravar la insubordinación con respecto al gobernador  Diego Velázquez, ya que debemos recordar también que Cortés desobedeció las órdenes del Gobernador, y convirtió lo que debería ser una misión exploratoria en una empresa de conquista de proporciones legendarias, que le permitió en poco tiempo hacerse con el dominio de un Imperio poblado por más de 15 millones de personas, pero desde luego, no lo hizo solo con los pocos españoles que le seguían. Para dar final a los recelos de algunos de los que le acompañaban, ordenó barrenar las naves que los transportaron hasta la costa, y continuó el camino hacia la capital azteca, un camino en el que lograron el apoyo de los nativos totonacas de la ciudad de Cempoala, que de este modo, se libraban de la opresión azteca. En la imagen, una de las vistas de Cempoala.



Malinalli recordaba su infancia, y en su recuerdo, veía el deseo de volver a ver a su padre, y a su abuela, de la que había heredado su corazón, y su sabiduría, y miraba a la estrella de la mañana con la esperanza del retorno de Quetzacóatl, su gran protector, y había visto en la llegada de aquellos hombres por el mar, el retorno de su esperanza. Relacionaba la partida de Quetzacóatl con las desgracias de su pueblo y de su vida. Aborrecía los sacrificios humanos, y la situación de su pueblo a expensas de los mexicas. Su profundo resentimiento ante la horrible muerte de su padre, la injusticia aberrante a la que se había visto sometida…el recuerdo de su abuela enseñándole a jugar con el barro, a moldear sus figuras, como a moldear la sabiduría de la madre tierra con la estrella de la mañana que alumbraba y daba consistencia a lo que esculpían sus manos, con la esperanza, que diera esa misma consistencia a los deseos de su corazón. Su abuela le había hablado de que el cuerpo de los hombres, era el portador del espíritu de los dioses, y veía en contraste con la luz y el calor de la estrella de la mañana, la llegada de aquellos hombres con el espíritu de Quetzacóatl, que odiaba a su vez los sacrificios humanos, portadores de su espíritu, y de su mensaje.

 Había conocido a un nuevo Dios, al que tampoco le gustaban los sacrificios humanos, un nuevo Dios que prefirió sacrificar su propia existencia clavado en unos maderos, para salvar al hombre, y se preguntaba si podría tener alguna relación con Quetzacóatl…estaba segura de que así era, y su retorno, estaba relacionado con la llegada por mar de aquellos hombres capaces de derrotar al odiado azteca, como infligiendo el castigo de Quetzacóatl, convencida de que el guerrero celeste, el dios de la guerra, el gran Huitzilopochtli, estaba a su lado esta vez. Había observado que en el encuentro de los enviados de Motecuhzoma con Cortés, había unos tlacuiloani, pintores y escribanos que completaban con imágenes lo que las palabras no lograran transmitir, y le mostraron a Hernán Cortés las páginas de un amatl, libro destinado a los ojos de Motecuhzoma en el que los pintores habían retratado los caballos, los navíos españoles, al propio Capitán rodeado de soldados y, al lado, ella, Malinalli, la lengua, la voz, la palabra…y se imaginaba que aquel que había ordenado tanto mal a su vida, la viera ahora acompañando a aquellos hombres, y sobre todo a aquel, a quien él consideraba que se trataba del propio Quetzalcóatl…una sonrisa invadió entonces su rostro…imaginaba si sería inmortalizada en el Tonalamatl, el libro de los destinos.



 En julio de 1519, Cortés envía a Alonso Hernández de Portocarrero a la corte del emperador Carlos V (Carlos I de España), en calidad de procurador  junto a Francisco de Montejo y el Piloto Antón de Alaminos. El objeto del viaje fue la presentación de la solicitud de Cortés respecto al gobierno de las tierras mexicanas, es decir, la Carta de Relación y el conocido como Quinto Real.  Llegaron a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) tres meses más tarde, pero la embajada fue aprehendida por los hombres de Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba y enemigo de Cortés.

 Al parecer, Hernández de Portocarrero falleció poco después en prisión, con lo que Cortés acogió a Malinalli como amante…fue como un sueño para ella, porque admiraba al gran capitán que había vencido con tenacidad al azteca opresor, era la llave de su libertad, una de las pocas personas, aparte de su abuela y su padre, que la habían tratado con dignidad, sus ojos se entornaron en la ensoñación de la Leyenda de Popocatepetl e Iztaccíhuatl, la misma que le había contado su abuela en su niñez, con la que tantas veces había soñado en sus amargas noches de esclavitud, el gran guerrero invencible, se plegaba ahora hacia ella, recordaba el amor de Ehécatl, el dios del viento,  por una muchacha humana llamada Mayáhuel, dándole a la humanidad la capacidad de amar para que pudiera ser correspondido, palpando en sus sentidos, lo que jamás había podido ni siquiera llegar a conocer…se sentía dichosa, y así lo hacía ver, tal era su dicha, que se esforzó de manera que avanzaba con una rapidez fuera de lo común en el habla castellana, de forma que Jerónimo de Aguilar, pasaría a un segundo plano como intérprete, debido a las dotes de Malinche no ya en el campo específico de la traducción de las lenguas, si no como consejera de Cortés en sus decisiones, y sin duda, evitó muertes innecesarias al aconsejar maniobras de acercamiento político más fructíferas. Se diluyó tanto el fraile que testificó contra Cortés en sus famosos juicios de residencia, reclamando la titularidad de traductor principal en detrimento de la Malinche. Pero su presencia desaparece sin más y tenemos que acudir al mexicano diccionario Porrúa, donde describen sus últimos años como apacibles. Una vida que terminó como la de su compañero de cautiverio, Gonzalo Guerrero, el maya blanco: casado con una india txacalteca de nombre Elvira Toznenetzin, quien le dio dos hijas, y dedicado a su familia como mandaban las Sagradas Escrituras de las que no se desprendió un segundo, pero esto, forma parte de otra historia, ya que lo que nos interesa, es seguir con el relato principal.



En agosto de 1519, se emprendió de nuevo la marcha hacia Tenochtitlan, por el camino oriental de Jalapa y Xico ascendiendo la Cordillera oriental de México llegando exáustos a Zacatula ((Zautla) donde recuperaron fuerzas y donde sus habitantes les aterrorizaba la reacción de Motecuhzoma al enterarse de la atención que habían prestado a los extranjeros sin su permiso, pero Cortés le dijo que él vino en el nombre de un más poderoso gobernante, a quien incluso Motecuhzoma tendría que someterse. En esta reunión los españoles oyeron por primera vez de la grandeza de la capital azteca,  México-Tenochtitlán, una ciudad situada en el medio de un lago con canales, grandes caminos y lujos interminables.


Continuaron su viaje a Tlaxcala, y pasaron por las tierras de Ixtacamaxtitlán donde vieron una gran pared de rocas que representaban la frontera con Tlaxcala,
y en su marcha, llegaron al señorío de Tlaxcala, con el que los aztecas mantenían continuas guerras, y éstos, plantaron batalla a los hombres de Cortés, ya que no conocían las intenciones de aquellos desconocidos llegados hasta sus posesiones, alentados por el hijo de uno de sus caciques Xicotencatl el Jóven,  pero tras imponerse militarmente, y lograr el apoyo de los cuatro caciques de Tlaxcala con Xicotencatl el Viejo,  y  la ayuda de Malinalli, Cortés logró incorporar a sus tropas a miles de guerreros de esta etnia, junto con otra de esta zona conocidos como otomíes. La alianza con estos bravos guerreros, habría de ser definitiva para el triunfo final de la conquista.


LOS ACONTECIMIENTOS DE CHOLULA


Ya hemos visto que Hernán Cortés se encontraba en Tlaxcala decidido a marchar hacia Tenochtitlan. A pesar de la opinión contraria de sus aliados tlaxcaltecas, hubo otros que aconsejaban tomar el camino hacia la ciudad de Cholula. Malinalli advertía que Cholula era un aliado de Moctezuma, pero su incipiente habla castellana no le permitía todavía en esos momentos, advertir con la plena fluidez del peligro que esta decisión podría acarrear, pero los emisarios de  Moctecuhzoma querían conducirle a Cholula, advirtiendo a su vez que por aquel camino les llegarían avituallamientos necesarios para facilitar su marcha, cosa que hizo sospechar a Malinalli, pero Cortés decidió tomar el camino que le llevaba primero a Cholula. Los tlaxcaltecas también intentaron disuadirle sugiriendo que fuese por Guaxocingo, aliada de Tlaxcala, pero fue en vano, y la razón es que Cortés, como diría luego, no quiso mostrar flaqueza. En la imagen, Malinalli.



Malinalli recordaba otra de las historia que le contó su abuela, historias que le apremiaba a que aprendiese con celeridad, como si temiese que el tiempo se acabaría pronto, y perdiera la oportunidad de enseñar a su nieta, la continuación de su sabiduría, los secretos que dan color y forma a las figuras de barro que los dioses han tenido el capricho de colocar en la tierra…el sol, el lucero del cielo diurno, guarda el secreto de la alternancia de dos hermanos enemigos, Tezcatlipoca y Quetzacóalt. Tezcatlipoca fue el Primer, el Tercer y el Quinto Sol, Quetzalcóatl el Segundo y el Cuarto.

Quetzalcóatl joven es un guerrero compañero del sol de la mañana. Es en realidad el sol que sube victorioso y simboliza el ascenso del imperio tolteca. Según los mitos, al comenzar una edad, Mixcóatl seducido por una mujer (Tierra) fue muerto por sus hermanos envidiosos, Luna o Noche y las estrellas, en el Occidente. Su hijo póstumo Quetzalcóatl entró en la tierra, buscó sus huesos, los enterró en el Cerro de Mixcóatl (Mixcoatépec) y quiso encender fuego para inaugurar el lugar. Pero sus tíos, Noche y los 400 Mimixcoa, ascendieron enojados el Mixcoatépec para matarlo. Quetzalcóatl los venció y después empezó a conquistar,  pero su envidioso hermano Tezcatlipoca, el espejo que humea, lo esperaba…Malinalli temía que su espera se encontraba detrás de la esquina de Cholula…la ciudad donde tiempos atrás, el mismo Tezcatlipoca había expulsado a Quetzacóatl…

Al llegar a la ciudad, fue bien recibido y le hicieron llegar la petición de los cholultecas para que sus aliados tlaxcaltecas no entrasen en ella. Durante los dos primeros días, fueron bien atendidos, pero pronto dejó de ser así, ya que en ese tiempo, llegaron a la ciudad nuevos emisarios de Motecuhzoma que eludían entrevistarse con Cortés y lo hacían con dirigentes de Cholula.  Esto comenzó a levantar suspicacias entre los españoles, que se vieron avivadas por lo que les decían sus aliados tlaxcaltecas en contra de los cholultecas. Parece ser que fueron  varias las fuentes por las que Cortés tuvo conocimiento de la traición,  y Michael Graulich lo argumenta muy bien, fuera aparte de mitos y leyendas que no dan mucha veracidad hacia la historia sobre  Malinalli, que se argumenta que  siendo esta avisada por una anciana de Cholula, para que huyera y así librarse de una muerte cierta, ya que no suscita demasiada veracidad. ¿Puede alguien creer, que un Jefe o mando militar de Cholula, directamente implicado en una maniobra para eliminar a los españoles y a sus aliados, revele a una anciana o a nadie un secreto tan importante y decisivo, y ésta, a su vez, lo haga saber a Malinalli, quien había entrado en Cholula acompañando a los españoles y a sus aliados tlaxcaltecas, siendo estos últimos enemigos de los aztecas?...creer esto a ciegas, podría considerarse como una gran ingenuidad.


  Una vez Cortés recibió las noticias de esta trampa, decidió volverla en contra de quienes la preparaban. Así fue como a través de engaños atrajo a los principales y al resto de habitantes a la plaza que había frente al templo de Quetzalcoatl y allí comenzó la matanza que engañadas plumas argumentan como la traición de Cholula.  En ella, participaron también los aliados de los españoles, sobre todo los tlaxcaltecas que aprovecharon para vengarse de sus enemigos, y así se especifica en el  Estudio del Legajo Chimaltecuhtli-Casco I Parte, Capítulo II 137 .


 El citado material de un conjunto documental denominado como Legajo Chimaltecuhtli-Cascoen el que se  recogen una serie de documentos (pleitos, testamentos y ventas de tierras, además de varias pinturas o códices mesoamericanos) procedentes de la región de Cholula (México) y correspondientes a los siglos XVI y XVII. Parece que perdieron la vida alrededor de unos 3000 cholultecas, y que la intervención de Malinalli, puede quedar confirmada en lo que conocemos como el Lienzo de Tlxacala, pero solo en calidad de intérprete. En la lámina IX están dibujados el templo de Quetzacóatl y un palacio en el que puede distinguirse a los señores cholultecas, y entre estos dos edificios, hay un sacerdote hablando con los tlaxcaltecas, el que parece ser les confesó la existencia de una conspiración, y uno de los tlaxcaltecas se vuelve a hablar con  Malinalli, que señala hacia el templo, que es atacado conjuntamente por los españoles y sus aliados indígenas. En el dibujo, se prueba que si bien Malinalli no fue en absoluto ajena a los sucesos, tampoco protagonista en la forma que la historia le adjudica la traición, que ni fue traición, ni en las formas ni en la medida que se le adjudica. En la imagen, Lienzo de Tlaxcala, de 1552.



La ciudad no tardó mucho en recuperarse. Las mismas fuentes que describen la Matanza señalan que al día siguiente la ciudad volvía a su normalidad. Incluso Cholula participó posteriormente en la campaña contra Tenochtitlan con hombres, lo que apoya la idea de la división interna defendida por Michel Graulich, y por la historia de la política interna azteca. Al mismo tiempo, la guarnición española en lo que era Veracruz, estaba siendo atacada por Motecuhzoma.



Nos detenemos un poco explicando que Cholula había sido aliada de Tlaxcala hasta poco antes de que los españoles arribaran y que, cuando éstos llegaron, se había posicionado al lado de Tenochtitlan . En ese sentido, Tlaxcala podría haber buscado la manera de castigar a su antigua aliada encaminando a Cortés, o bien podría también haber pactado con él darle su apoyo contra Tenochtitlan si antes la ayudaba a saldar su cuenta pendiente con Cholula, y para justificar, a posteriori, los hechos sangrientos, aluden a la presencia del ejército mexica. Además, se podría añadir a esta teoría otros datos para respaldarla, como es el hecho de que, tras la derrota de Cholula, los tlaxcalteca no se conformaron con hacer gran daño y obtener un buen botín, sino que eliminaron a la cúpula cholulteca. Moctecuhzoma había aprendido desde la llegada de los españoles a la costa, esto, es un hecho significativo que ha pasado desapercibido para la mayoría de los investigadores y confirma la inteligentísima estrategia planificada por el Tlatoani de Tenochtitlan que, a la luz de estas actuaciones, no parece que estuviera tan atribulado como las fuentes nos quieren hacer creer. Cholula era la última gran ciudad antes de llegar a Tenochtitlan. Por ello se convertía en el escenario idóneo para evitar que entraran en el corazón de la capital Imperial.





Moctezuma estudió a su oponente desde que desembarcó y, de cada encuentro que tenía con los otros grupos indígenas, iba aprendiendo, hasta que descubrió que en las batallas que Cortés tiene en Centla y más tarde con los otomíes y tlaxcalteca, que no se puede luchar en campo abierto y que la única forma de vencerlos es en el interior de una ciudad, donde los caballos y la artillería tendrían menor capacidad de reacción. Cholula era la última ciudad donde podría tender la emboscada y ésta reunía todos los requisitos.

 Moctezuma tiene embajadores junto a Cortés durante todo el avance y siempre procura guiar sus pasos hacia Cholula, donde tenía pactado con los principales el ataque a los españoles. Recibiría a los extranjeros, los separaría de los aliados indígenas,  los alojaría de tal forma que estuvieran incómodos, forzándolos a salir y en ese momento serían atacados. Para ello, prepararían la ciudad con trampas y las tropas de la Alianza debían permanecer ocultas en las afueras, unos 20.000 guerreros aztecas. 

Además, se produce otra situación que debería haber puesto sobre aviso a Cortés, pues él mismo nos cuenta que, una vez en Cholula, estaban esperándoles embajadores de Moctezuma, como ya hemos comentado y es significativo recordar,  que se entrevistaron con los de Tlaxcala y el más principal de ellos partió con los embajadores mexicanos a Tenochtitlan para parlamentar con Moctezuma . Las cosas no salieron como esperaban los aztecas, y el azar favoreció a Cortés, como tantas veces lo hizo a lo largo de la Conquista. Cortés descubrió la trampa y actuó de la forma que creyó más conveniente para el momento y la situación. Mientras tanto, Moctezuma mantuvo a sus tropas al margen, con la intención de negar cualquier implicación en los hechos. Sin embargo, como decimos, existe un hecho que confirma la tesis de la trampa urdida por Moctezuma en Cholula, es un suceso que las fuentes sitúan en el interior de Tenochtitlan, como veremos después.

Malinalli, en contra de lo que se le acusa de forma injuriosa, no tuvo nada más que un papel de traductora, y como mucho, pudo llegar a sugerir la toma de precauciones para que no hubiera una auténtica carnicería, visto lo que hemos podido ver, pero nada más. Ni la matanza, fue tal, ni el infundio sobre el papel de Malinalli tiene justificación, ni los hombres de Cortés actuaron con violencia gratuita.

 Es curioso, en este sentido, un hecho que nos llama mucho la atención, y es que el propio Hernán Cortés, que evita mencionar a Marina en sus cartas a Carlos V, le conceda ahora una importancia especial en este hecho afirmando que doña Marina le puso en conocimiento del complot tramado, dando, a nuestro entender, la visión de querer utilizarla para dar justificación a la acción contra los cholultecas como castigo, previniendo posibles rechazos a su actuación. Desde luego, este dato, dice bien poco a favor de Cortés. Por otra parte, conviene clarificar bien este acontecimiento, puesto que sin duda forma parte de la Leyenda Negra que se ha ido configurando en México desde el siglo XIX, ya que la acción de Cortés, solo puede justificarse por la acción de una conspiración y una estrategia militar ante una intrusión extranjera que constituye, desde luego, un punto oscuro, pero ciertamente comprensible, pero de ahí, a considerar a Malinalli la libertadora de una muerte segura de los españoles, hay un camino largo y tan oscuro como la propia leyenda negra en sí, que puede tener una explicación en un acontecimiento muy importante que ocurrirá después en la capital, pero que también ha sido transfigurado y silenciado a conveniencia, como muchos otros sobre la historia.


EL CAMINO Y LA LLEGADA


Malinalli, en su papel de conocedora de la forma de pensar del azteca, como de los aliados de los españoles, con los que mantiene a su vez un diálogo fluido sobre la situación, aconseja a Cortés, y lo hace con visión excelente de la situación, en forma de evitar nuevos enfrentamientos que provoque más muerte, y escuchada por Cortés, éste hace llegar una embajada a Moctezuma, eximiéndole de cualquier responsabilidad en el altercado de Cholula y avisándole que van a su ciudad y Moctezuma le contesta que les espera y que serán avituallados por el camino. 

Desde que Motecuhzoma se había enterado de la alianza de sus mortales enemigos, los tlaxcaltecas y los españoles, estaba aterrorizado de las consecuencias que esto pudiera ocasionar, y no dejaba de enviar embajadas bajo la protección de Cortés. Después de un nuevo concilio entre los capitanes españoles y los líderes de Tlaxcala y Cempoala, se discutió la mejor ruta a tomar, y la legación azteca, enviada por Motecuhzoma sugirió la ruta de los volcanes, una cordillera formada por los volcanes Iztaccíhualtl y Popocatépetl, mientras que los de Tlaxcala sugirieron que sería una nueva trampa, pero Cortés decidió tomar la ruta más dura subiendo la cordillera formada por el Popocatépetl y Iztaccíhuatl, los volcanes de la leyenda que su abuela había narrado a Malinalli siendo niña.


 Desde Cholula, como hemos ido viendo,  se dirigen a Tenochtitlan, vía Huejotzingo, con su nutrido ejército de indígenas. En este último lugar, volvieron los nuevos embajadores del azteca con más regalos y palabras más persuasivas, pero Cortés estaba decidido, aunque no los aliados indígenas, pero éstos iban guiando a Cortés por los mejores caminos, aunque a menudo encontraban impedimentos. Sin duda, Moctezuma tenía la esperanza de que Cortés perdiera el ánimo, esto último era muy poco probable, ya que en Cortés crecía el sueño convertido en codicia con el recuerdo de las palabras del Cacique de Tabasco, tras la batalla de Centla, el teocuitlatl, el excremento amarillo de los dioses, era distribuido desde el corazón del Imperio…Tenochtitlan.

Volcanes ubicados dentro del eje neovolcánico, de izquierda a derecha: El Iztaccíhuatl, el Popocatépetl, al Volcán Malintzin, el Cofre de Perote y el Citlaltépetl.





Cortés y sus hombres empezaron a subir la sierra y pasaron la noche entre los dos volcanes, donde sufrieron un frío extremo. Hoy en día, el paso entre los dos volcanes se llama El Paso de Cortés y fue desde allí que él tuvo la primera visión de la maravillosa ciudad de Tenochtitlán. Malinalli estaba absorta y fascinada ante aquel hombre resuelto, capaz de instigar el mayor de los temores, y de llevar a cabo la mayor de las temeridades. La visión de Iztaccíhuatl y Popocatépetl y el recuerdo de la Leyenda de su abuela, le hicieron sentir un sentimiento estremecedor a flor de piel y la emoción la ahogaba ante la cercanía de quien consideraba el precusor de sus desgracias, y podía casi oler su miedo arrinconado en la gran Tenochtitlan. Motecuhzoma…Motecuhzoma…antes, la sola mención en el pensamiento de este nombre, le provocaba un terror sin igual, un odio sin parangón, pero ahora, veía que no se trataba más que de un hombre más, con un corazón temeroso, como temerosos habían sido los corazones que él acostumbraba a sacrificar.







A la mañana siguiente comenzó su descenso hacia Amecameca, donde fueron recibidos por el cacique local, quejándose de la tiranía de Motecuhzoma. Cortés pasó dos días en esta ciudad donde escucha a las mismas quejas de los embajadores de los pueblos vecinos, y los recibió como aliados, y luego tomó el camino de Iztapalapa, donde fueron recibidos por una delegación de lujo encabezado por Cacama, sobrino de Moctezuma que estaba ricamente vestido y tenía muchos sirvientes. Su misión era la de una vez por todas convencer a Cortés a dar marcha atrás y volver a Veracruz, pero de poco serviría porque los españoles ya estaban a las puertas de Tenochtitlán.







EL FINAL DE TENOCHTITLÁN


La capital de los méxicas rondaba los 250.000 habitantes, y Motecuhzoma, una vez que sus propósitos primarios habían sido convertidos en cenizas, se llegó a descomponer ante la idea del Cacique de Tabasco, y su propósito de alejar a los hombres de Cortés de sus tierras señalándoles el camino del  teocuitlatl, el excremento amarillo de los dioses, el oro, conduciéndoles hacia la grandeza de Tenochtitlán, pero Motechzoma, como heredero de la dinastía de Acamapichtli, el primer rey azteca,  se preguntaba si realmente la sangre de la serpiente enplumada, Quetzacóatl, corría por las venas del recién llegado, o de su Emperador, el tal Carlos I, puesto que al igual que ellos no aprobaban la sagrada práctica del sacrificio, tampoco lo hacía Quetzacóatl, pero a Motecuhzoma le presinaba en las sienes la idea de que los recién llegados, vinieran a recuperar el trono de Quetzacóatl como estaba escrito, y quería saber si en realidad eran dignos de la profecía, y nada mejor que dejar que llegaran hasta la ciudad imperial, aquella que Huitzilopochtli, el dios de la guerra y guía principal,  ordenó que se fundara en un islote del lago Texoco donde un águila se posaba sobre un nopal…de no ser así, morirían en el téchcatl, la piedra de la tuna, la piedra de los sacrificios.

Malinalli se presentaba ante el Emperador azteca con el rango de la lengua del recién llegado, y la mirada de sus ojos desprendía el poder no ya solo de la palabra, si no del espíritu de libertad, aquella que le habían negado algunos años atrás, la misma que le habían privado al apartarla de su padre, y arrancarle en vida el corazón que le dio la suya…Motecuhzoma ya no era tan temible, y ella miraba a sus ojos donde estaba prohibido mirar, con la seguridad del que se sabe tenedor de la fuerza y la razón…su corazón, ya no se encontraba en un valle desolado en medio de la nada, y la cólera empujaba su pecho y su garganta pujando por salir y abrir de un bocado la garganta del odiado azteca y desgarrarle el pecho tal y como él le hizo a su padre, y aliviar su sed de venganza con el cálido frescor de la sangre tanto tiempo odiada, tanto tiempo temida, tanto tiempo…tanto tiempo…cuando el tiempo… se había detenido por fin en el límite de la serenidad, en el olvido de la afrenta, en una lágrima robada al recuerdo, hija póstuma del silencio de la memoria, fiel a la diplomacia, obstinada en su legado, e indiferente al infundio que en un futuro mañana, aquellos que ni la conocieron ni se molestaron en hacerlo, la quieran ubicar… Tezcatlipoca, el espejo que humea, reirá al fin su injusto triunfo…

Cuentan las crónicas que Motecuhzoma confesó haber organizado una celada en las cercanías de Cholula, en un vano intento por frenar el avance de Cortes y sus aliados a la capital del Imperio, pero, sea como fuere, la historia de la conquista fue la que es de todos conocida…argumentamos que Motecuhzoma Xocoyotzin no fue un digno emperador para los suyos, como tampoco fue un guerrero digno para Cortés, y para los aliados de los españoles que le acompañaron en la conquista. No vamos a contar aquí las vicisitudes de la misma, puesto que ya es de sobra conocida, al contrario que la historia de nuestra protagonista, que no lo es tanto, y es la que en verdad, interesa esgrimir, y de este modo, clarificar realidades y desmentir mitos que ensucian su nombre, y el de muchos mexicanos de hoy, que no lo merecen. México es grande por su propia grandeza, y no es necesario un vil intento de mitificar lo que no tiene razón de ser, como tampoco lo tuvo la traición de que fue víctima Mainalli por parte de Cortés.



LA TRAICIÓN DE CORTÉS.

La colaboración entre Hernán Cortés y doña Marina fue muy estrecha, hasta el punto de que los indígenas llamaron Malinche al propio Cortés, asimismo, el papel de la amante de Cortés, como amante en sí y como mujer, además de cómo como intérprete fue a menudo decisivo. En Cholula, se dice que salvó a los españoles de una muerte segura al revelarles un complot de los indios, que una mujer del lugar le había confesado, pero ya hemos argumentado nuestro punto de vista al respecto.

 Ya en Tenochtitlán hizo posibles las conversaciones entre Moctezuma y Cortés, en las que Marina debía traducir los complicados discursos del español sobre los fundamentos del cristianismo y el vasallaje que los indios debían a Carlos V, y durante la conocida como la Noche Triste (la huida de los españoles ante el acoso azteca), doña Marina iba en la retaguardia; una vez se hubo salvado, una de las primeras preocupaciones de Cortés fue conocer el estado de los intérpretes, «y holgó de que no se hubiesen perdido Jerónimo de Aguilar ni Marina».

 Igualmente, en la campaña final sobre Tenochtitlán, la labor de Marina resultó decisiva para recabar el apoyo masivo de los indígenas enemigos de los aztecas y, luego, para transmitir sin ambages las más duras exigencias de los españoles contra los vencidos…porque no hay que negar que sí fueron duras, pero no argumentar con esto la falsedad de l mito de La Leyenda Negra, que para quien quiera conocer la verdad, se encuentra el artículo LA LEYENDA NEGRA, EL MITO DE LA SINRAZÓN, del mismo autor que el que suscribe el presente. En la imagen, La Noche Triste, del pintor mexicano Luis Coto y Maldonado.





Tras la conquista de la capital azteca, Cortés se instaló en Coyoacán, una localidad cercana. Marina siguió junto a él y en 1522 tuvieron un hijo al que llamaron Martín, en honor al padre del conquistador. Pero entretanto había llegado a México, desde Cuba, la esposa de Cortés, y éste decidió buscarle un nuevo acomodo a su concubina. Organizó su boda con otro conquistador, un hidalgo llamado Juan Jaramillo, que era procurador en el ayuntamiento de Ciudad de México, del que llegaría a ser alcalde dos años después. El cronista López de Gómara asegura que Jaramillo se casó bebido y que la boda fue mal vista por los hombres de Cortés, porque Marina era india, madre soltera y había estado con dos españoles. Pero con este enlace, Hernán Cortés cumplía la promesa de libertad que había hecho a Marina al inicio de la conquista, pagaba sus servicios otorgándole las encomiendas de Huilotlán y Tetiquipac, los cuales le correspondían por herencia, proporcionándole una excelente posición social.


En 1523, durante un viaje por México y Honduras para reprimir la revuelta organizada por su capitán Cristóbal de Olid, Cortés pasó por Coatzacoalcos, la localidad natal de Marina. El conquistador convocó a los caciques para explicarles, a través de Marina, a quién debían su fidelidad. Entre ellos estaban los familiares de la intérprete, su madre y su hermano, bautizados como Marta y Lázaro. Recordando que la habían vendido como esclava, «tuvieron miedo de ella, porque creyeron que los enviaba a llamar para matarlos». Sin embargo, doña Marina les consoló, les perdonó y «les dio muchas joyas de oro y ropa», según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo.


Ya al final de la expedición a Honduras, los caminos del conquistador y de la joven intérprete se separaron, y durante el regreso a México, Marina dio a luz a una niña a la que llamaron María. Se instaló junto a su esposo en Ciudad de México, pero no pudo conservar a su hijo Martín, que quedó al cuidado de Juan Altamirano, primo de Cortés. Desde este momento prácticamente se pierde su pista. No sabemos la fecha exacta de su muerte (aunque debió de ser antes de 1529), ni la causa, tal vez la viruela, que asolaba la población indígena de México por esos años; o quizá su salud quedó muy mermada a raíz del penoso y durísimo viaje a Honduras, que realizó estando embarazada. Su legado, sin embargo, sería duradero. Gracias a su conocimiento de las lenguas indígenas, de la geografía y de la situación política del país, doña Marina logró que la conquista de México fuera menos cruenta y más rápida y exitosa de lo que hubiera sido sin ella. Imagen de Malinche.




 Malinalli, Malintizin, conocida como la Lengua de Cortés, fue no ya la llave de México, si no la providencia convertida en destino, o el destino que no puede ser burlado, ya predicho en su nacimiento como hierba retorcida en la dificultosa tempestad de una vida incomprendida y donada gratuitamente a la falsa traición, pero es la traición quien se muestra oscura hacia nuestra mujer en la historia de su vida, y en la historia de su amor que ella rememoraba con la leyenda de su abuela entre Popocatepetl e Iztaccíhuatl, pero Cortés la traicionó, como lo hizo antes con otra mujer, Catalina Suárez, sin estar casado, eludiendo la boda todo lo que pudo mientras utilizaba las influencias de Catalina en el entorno íntimo del Gobernador Diego Velázquez para promocionarse, y luego tuvo que asumir la infidelidad pública de su marido…en 1522, tras una discusión, apareció muerta en su propia cama, pero no hubo pruebas incriminatorias que lo acusaran, o Isabel de Moctezuma, hija del Emperador, madre de cuatro hijos suyos, y Cortés, también se desembarazó de ella, hasta que en 1529 contrajo nuevas nupcias con Juana Zúñiga, madre de Martín Cortés, quien desplazó a su homónimo hermano de padre…esta es la historia de su verdadera traición, pero no como inductora, si no como víctima, y ahora, tantos años después, sigue siendo traicionada por todos aquellos que tanto le pueden deber…En la imagen siguiente, cuadro de Antonio Ruiz El Corcito (1895 - 1964) El sueño de La Malinche, 1939 Óleo sobre madera Galería de Arte Mexicano.



 Como dice el cuento “Cuatro heridas” del autor mexicano Hernán Lara Zavala, ella se acuesta a dormir y entre sueños alcanza a vislumbrar la historia de su vida; ella y muchas más: la juventud, el galanteo, el primer amor, el matrimonio, la separación, el dolor, el duelo y tras eso ¿qué? A veces la frustración, a veces el olvido y a veces el encuentro consigo misma.


CONCLUSIONES

La honradez es una dignidad difícil de comprar y de negociar cuando se impone la nobleza de la persona y sobre todo, el recuerdo de una estirpe sometida al capricho del destino que la priva no ya de la mínima libertad, si no de la vida, y lo que es peor, mancillar su memoria. La herencia legítima de la estirpe de Malinche, ha sido motivo de burla y de olvido, el sufrimiento de su niñez, despecho del recuerdo, su tragedia, un guiño de la injusticia, sus sufrimientos, privaciones, resignación y sacrificios, motivo de burla para los que no la comprendieron, más que nada, porque no quisieron conocerla. También lo fue para Cuauhtémoc en su momento, y terminó sus días y los de su Imperio, colgado de un árbol por su altanería tras una mirada de doña Marina.

Malinalli, su cuerpo y su memoria, han reposado sin molestias durante más de cuatro siglos, pero las corrientes del nacionalismo más reaccionario en México, han resucitado a Malinche con el apodo de traidora, de gran chingada, sin conocer la realidad histórica del momento que le tocó vivir a Malitzin, ni molestarse en conocer que la unidad que hoy pervive, no era tal en el siglo XVI, donde habitaban más pueblos aparte del poderoso azteca, sanguinario como nadie, hostil, exigente en los tributos y en vidas humanas para el sacrificio de unos dioses que, al final, les dieron su castigo, baste para esto saber y recordar que las naciones indígenas bajo su dominio o sometidas a sus depredaciones acompañaron en miles a los raquíticos doscientos hombres de Cortés, como la nación olmeca de la cual formaba parte Malitzin. 

Otra nación que dio firme apoyo a Cortés fue la de los tlaxcaltecas. Al unirse a Cortés y apoyarlo, ella no estaba traicionando a su nación olmeca sino que estaba contribuyendo a liberarlos de la terrible dominación azteca, un mundo complicado en el que Malinalli actuó en correspondencia de una olmeca totonaca esclava de los aztecas, difícil sería pedirle fidelidad, e injusto acusarla de traición al unirse a Cortés,   un personaje por cierto, particularmente importante en su vida, puesto que al final, también fue traicionada por él, como lo fue por todos. Recordemos pues, que el mundo azteca fue bastante complicado, y la Malinche o doña Marina como fue bautizada luego, es parte de ese mundo y actuó en correspondencia. Hay que entender que su aporte permitió disminuir el riego de sangre en proceso de conquista, y recordar que el México mimado por los nacionalismos es el México azteca, siendo así que las gentes de aquel territorio, cuando fue conquistado por aquellos españoles, hablaban más de cincuenta lenguas distintas y pertenecían, por tanto, a otras tantas etnias.


La caída y destrucción de Tenochtitlán, que se celebra el 13 de agosto, es el resultado de un levantamiento popular multitudinario, el de todas las naciones entre Veracruz y esa ciudad, contra el imperio azteca y su feroz opresión, un Imperio azteca que con apenas cien años de historia existencial independiente, habían llevado la humillación de sus pueblos súbditos a extremos de ferocidad que nunca vió la historia de la humanidad.

 En los colegios y Universidades se enseña que México fue conquistado por una potencia extranjera, algo inaudito, fuera de lugar y además, resulta hasta ridículo, ya que en primer lugar no defiende a quien dice hacerlo y que en realidad queda convertido en verdadera cabeza de turco de esta historia, a los indígenas, pues si 300 españoles hubieran conquistad o una ciudad que entonces tenía medio millón de habitantes, en medio de un territorio con una población de 20 millones, realmente habrían sido algo fuero de lugar en la comprensión y conocimiento humanos, y las razones son obvias y es necesario recalcarlas una y otra vez, y la primera es que México no podía ser conquistado, porque no existía, la segunda que se nos ocurre es que España no era por aquel entonces más que una nación pequeña mucho menos en dimensiones que las posesiones que luego tuvo en la historia, y que estaba recientemente liberada de casi ocho siglos de ocupación musulmana, y por último, no sólo fueron trescientos o por decir incluso cuatrocientos españoles con un par de decenas de caballos y cañones oxidados, si no un ejército de indígenas los miles de guerreros que tomaron Tenochtitlán y la arrasaron con el odio y la furia de los vencidos, masacrados y humillados sin misericordia alguna por el régimen de terror del Imperio azteca.



No hubo traición porque ella no era azteca. Era olmeca totonaca y había sido esclava de los aztecas quienes habían asesinado a su padre, y vendida como esclava no tenía por qué sentir fidelidad hacia ellos, pero los gobiernos, necesitan razones para seguir su camino, necesitan héroes y traidores, y no debemos olvidar nunca que los gobiernos, al igual que el fuego y el agua, no conocen la misericordia…

Malinal, Malinalli, Malintzín, La Malinche o Doña Marina, muchos son los nombres que se le han asignado a la mujer indígena que era la amante, la esclava y la intérprete de Hernán Cortés durante la Conquista de México. Doña Marina, o simplemente Marina, es el nombre que toma en su adaptación al catolicismo. El Malinche es el nombre que los aztecas le dieron a Hernán Cortés y significa “El capitán de Malinal”.

Su nombre original, Malinal, con las derivaciones Malinalli o Malintzín, es el nombre del día de su nacimiento según el calendario azteca, el nombre significa hierba trenzada y designa una fatalidad, o bien una suerte de su memoria, la que el capricho de Tezcatlipoca ha permitido, y cuya voz, es una de las tantas acalladas y ocultadas de la historia, pese a que  el recuerdo de su vida ha dejado una huella en la cultura mexicana.

 Su nombre es sinónimo de una falta de respeto en las expresiones populares y, a diferencia de Cortés, que no tiene calle en México, la calle de Malintzín está situada en Coyoacán, entre las calles Xicoténcal, aquel famoso guerrero txacalteca que se alió con los españoles para la conquista de Tenochtitlan y el imperio azteca, y la calle Moctezuma, el emperador azteca. Paradojas del capricho de la historia, cuyo maltrato ha venido a apellidar  el nombre de Malinche con el de la Gran Chingada, o la traidora.

Caprichos de la historia, como hemos comentado, que olvida el pretérito a conveniencia, escondiendo lo que interesa en la cara oculta, que esconde el encuentro de Cortés con Tecuichpo Ixcaxochitzin, en náhualtl, Flor de algodón, la hija del Señor Moctezuma, cristianizada como Isabel de Moctezuma, y que de ese encuentro también hubo un fruto, en este caso una niña, llamada Leonor Cortés, repudiada por su madre, pero reconocida por su padre. Resulta entonces que Isabel de Moctezuma se entregó por igual, puesto que tampoco se quitó la vida, y sin embargo, el fruto de Cortés con Malinche, Martín Cortés, no fue reconocido por este, como tampoco ha sido reconocido como el primer mestizo oficial, ya que nos encontramos con los hijos de Gonzalo Guerrero, marino español que había sufrido un naufragio,  el cual vivía en Chetumal, donde había dejado de ser esclavo al ganarse la confianza del cacique Nachán Can, y llegar a ser un “Nacom”, una especie de jefe militar maya, y casarse con la princesa maya Zazil Há, otra chingada más,  con la que tuvo varios hijos, y decidió quedarse con los mayas, y murió luchando contra los conquistadores españoles que estaban al mando de Pedro Alvarado. Casualmente, este no es considerado traidor, ya que la palabra traición, la determina la humana sabiduría sólo cuando conviene.

De Isabel de Moctezuma, sabemos que vivió como una princesa, y sabemos también que su descendencia pudo viajar a Madrid para solicitar un linaje de nobleza que le fue concedido con el título de Condes de Miravalle con derecho a una renta anual, y cuya descendencia, se quedó en España, pero también los hay en México. Tampoco es considerada traidora ni ella, ni su descendencia con grandeza de España, y de lo que estamos seguros, es que lo será también, cuando también convenga, y sería necesario preguntar si deberían ser tildados como traidores nombres como Fernando de Alba Ixtlilxóchitl, descendiente de los reyes de Texcoco; Hernando de Alvarado Tezozómoc, de la casa real de los Acolhuas; Domingo de San Antón Muñoz Chimalpain Quauhtlehuanitzin, y un sinfín de nombres más, que podrían sonrojar la dignidad del mejor de los nacionalismos.

El propio Moctezuma, que llegó a tener diecinueve hijos, encargó a Cortés, estando en trance de morir, que cuidara personalmente de su hijo favorito, Chimalpopoca, pese a que este muriera durante los acontecimientos de la conocida como Noche Triste.


Malinche, ha sido recreada como un mito institucional enmarcado como arquetipo de la conquista difundido y creado por un estado Mexicano de ideal nacionalista e impuesto por medio de la historiografía, la enseñanza escolar, la literatura, los actos patrióticos, discursos, conmemoraciones de todo tipo incluyendo la música y el folklore, para terminar en el conocimiento de los mexicanos y en su memoria en forma de una leyenda negra de la Malinche en relación al interés de formar la conciencia de nacionalidad diferenciada al Estado Mexicano fundado a principios del siglo XIX, y de alguna manera, disfrazar las diferencias y los conflictos económicos y sociales inculcando a la población una especie de sentimiento de pertenencia a un origen y destino común, pero de forma demasiado acelerada, que las instancias oficiales del momento no han sabido delimitar en su contexto de crear una patria originaria con sus héroes y sus traidores destacando entre los primeros a Hidalgo y Morelos en referencia al último emperador azteca Cuauhtémoc, convirtiendo a este último como principal representante de la identidad nacional en el imaginario mexicano, y a la Malinche, en el símbolo de la traición por excelencia, así lo resume Cristina González Hernández en su libro, y así lo resume la verdadera historia, aquella que, según dije una vez, además de aprender y saber del pasado, es conocimiento anticipado del futuro, y hay quienes se obstinan en cambiar el pasado y adaptarlo a su estilo, porque controlando el pretérito se controla el presente y la posteridad pendiente, sin importar que su falsificación en un quimérico sentimiento de vanidad nacional,  es el camino que conduce al fracaso y a la destrucción de las naciones.

Ehécatl sopla para anunciar la lluvia de vida, y a su lado, Mayáhuel lo acompaña en silencio sonriendo la buena ventura de su amor, mientras a la sombra del árbol hermoso, un sueño es cazado en el aire por el espejo que humea, y convierte en desdicha de muerte el amor entre Popocatepetl e Iztaccíhuatl. El silencio de unas manos encarna el enigma por el que los sentimientos se convierten en verdad o en mentira, ante la pasividad de la resignación. Callada en el tiempo, observa su suerte la dicha que dispone el recuerdo de la felicidad robada, mientras la desdicha se regocija maldita a espaldas de la incomprensión de Quetzacóalt al volverse a equivocar. El amor, recibe mudo la daga de la traición a pecho abierto, una perfidia ya escrita en los años sin nombre en el Tonalamatl, el libro de los destinos, los mismos destinos que condenan al silencio de la inocencia muda a aceptar resignada su malaventura,  al tiempo que una lágrima resbala desnuda desde la mirada triste y callada….de los ojos… de Malintzín.

Dedicado a una amistad limpia como la claridad de un alma recien llegada, cuyo nombre virtual atiende sólo a las razones del sigilo...BrOoKe OdAr, de quien mucho puedo aprender, como lo pudieron hacer otros,  quinientos años atrás.




Aingeru Daóiz Velarde.-





BIBLIOGRAFÍA

 La matanza de Cholula », Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, t.XL, Mexico, 1997. Michel Graulich


Mitos y rituales del México antiguo prehispánico. Michel Graulich.

Doña Marina (La Malinche) y la formación de la ,identidad mexicana.   Cristina González Hernández.

La verdadera historia de Malinche.  Fanny del Río.

Malinche.    Laura Esquivel.

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España . Bernal Díaz del Castillo.

Moctezuma Xocoyotzin y Hernán Cortés: dos visiones de una misma realidad.      Isabel BUENO BRAVO

Hernán Cortés: Inventor de México. Juan Miralles.

La conquista de México. Hugh Thomas.

Yo, Moctezuma, emperador de los aztecas. Hugh Thomas.